Saludo del Hermano Mayor

Queridos hermanos y hermanas de la Archicofradía de la Sangre:

Hoy me dirijo a vosotros con el corazón aún pleno de gratitud, así como de humildad y esperanza.

De gratitud por la confianza depositada en mi persona para gobernar los designios de nuestra Corporación durante los próximos cuatro años. Ser Hermano Mayor de la cinco veces centenaria Archicofradía de la Sangre representa para mí un inmenso honor y privilegio, lo que asumo con el mayor de los respetos y la mayor de las responsabilidades para que nuestra Archicofradía siga la senda marcada por la anterior Junta de Gobierno y así mantener nuestro más que visible crecimiento.

De humildad y esperanza, porque soy consciente de que debemos seguir trabajando arduamente para ofreceros la Hermandad, en mayúsculas, que cada uno de vosotros merecéis. Una Hermandad que sea punto de encuentro, donde participar y sentirnos parte de algo que nos trasciende a cada uno de nosotros individualmente. Porque la Archicofradía de la Sangre somos todos y, juntos, debemos remar en la misma dirección para honrar desde el corazón, al Cristo de la Sangre y la Virgen de Consolación y Lágrimas. Albergo la esperanza de que así sea, de que podamos unir nuestros esfuerzos, ideas e ilusiones para trabajar en los proyectos que desde esta Junta de Gobierno se plantean de cara a los años venideros.

Quiero agradecer desde estas líneas, el compromiso generoso y desinteresado de los miembros de Junta que me acompañan para trabajar por nuestra Hermandad. Os pido que caminemos unidos, con espíritu fraternal, siempre dispuestos a servir como el Señor nos enseñó con su vida y obra.

A todos los hermanos, os animo a que os acerquéis a vuestra Hermandad, que viváis el día a día, que os dejéis abrazar por el amor de Cristo y de la Virgen los 365 días del año. Que os impliquéis en los diferentes proyectos y labores que cada albacería y área pone en marcha y que nos enriquecen en nuestro crecimiento, tanto cristiano como personal. Que hagamos entre todos que la Archicofradía sea testimonio vivo de oración, entrega y alegría.

Rezo al Señor para que me conceda sabiduría y a María Santísima, consuelo y socorro de los cristianos, para que guíen nuestros pasos.

Un abrazo fraternal
Francisco Escámez