Saludo del Director Espiritual

Como párroco de la parroquia de la Santa Cruz y San Felipe Neri y vuestro Director Espiritual quiero, mediante estas palabras, agradecer y saludar a todos y cada uno de los hermanos de la Pontificia, Real, Muy Ilustre y Venerable Archicofradía del Santísimo Cristo de la Sangre, María Santísima de Consolación y Lágrimas, y del Santo Sudario.

Hemos asistido a un momento histórico de la Archicofradía cuando la Virgen de Consolación y Lágrimas entraba de nuevo, magnífica, en su casa-iglesia parroquial de la Santa Cruz y San Felipe Neri, recién restaurada, con una belleza nueva y, a la vez, más antigua que el rostro anterior. Demos gracias a la decisión unánime de la Archicofradía, demos gracias a la persona donante y a la destreza del restaurador, con manos inspiradas por el Espíritu para alcanzar tan bello resultado. Demos gracias, sobre todo, a Dios.

Continuamos la misión como parroquia que quiere estar a la altura de los nuevos tiempos evangelizadores sin perder su identidad. Integramos en la comunidad los anhelos y proyectos de las cuatro asociaciones que la componen, junto a otras realidades comunes.

Este curso 2019-2020 hemos dado un paso más en el camino evangelizador retomando la tarea, suspendida durante varios años, de Cáritas parroquial. Un grupo integrado por personas de las cuatro asociaciones están recibiendo, durante varios meses, el Curso de Formación que imparte Cáritas Diocesana. El objetivo es finalizar el curso con la apertura de Cáritas parroquial, inicialmente un día a la semana, para servir a los más necesitados del barrio, en colaboración con otras iniciativas caritativas de la zona. Este era uno de los proyectos importantes que el Consejo de Pastoral Parroquial venía planteando desde hacía tres años.

Una parroquia que se precie debe sostenerse en un pilar esencial: la liturgia; pero consecuencia de la celebración debe ser el ejercicio concreto de la caridad, así como la catequesis y el testimonio. Del mismo modo que la culminación de ambas vivencias y acciones, propias del cristiano, debe ser la liturgia. Del altar venimos a la vida y de la vida vamos al altar. Demos gracias y pidamos al Señor y a la Virgen por esta tarea que busca evangelizar desde la caridad cristiana.

Nuestra Archicofradía integra a muchos jóvenes. Este año quiero dedicarles algunas palabras porque el Papa Francisco les ha dirigido una exhortación apostólica postsinodal titulada Christus Vivit.

Invita en ella el Santo Padre a que ellos sean santos porque son el “ahora de Dios” para la Iglesia. “A través de la santidad de los jóvenes la Iglesia puede renovar su ardor espiritual y su vigor apostólico” (50). El Papa analiza “algunas cosas que les pasan a los jóvenes” (71-110): jóvenes de un mundo en crisis, con deseos, heridas y búsquedas, en medio de un ambiente digital; jóvenes emigrantes; situaciones con diversos tipos de abusos. Sin duda, el joven es quien, se supone, debe tener más ganas de vivir; por ello, el joven cristiano debe ser un misionero valiente que no tenga miedo de “nadar contracorriente” y de comprometerse en la vida de la Iglesia.

El joven cofrade experimenta muchas veces la incomprensión de su ambiente, pero es ahí donde ha de dar testimonio claro y sencillo de lo que llena su corazón: el Señor y la Virgen; de lo contrario, estaremos haciendo un paripé vacío de contenido, que no cambia la vida, ni contagia, ni dice nada al mundo de hoy.

El joven cofrade se arriesga a vivir de un determinado modo; tiene su identidad propia y muy marcada; esto debe llegar a otros jóvenes para que se acerquen al Señor; esto es evangelizar. En la parroquia tenemos un grupo juvenil de oración y grupos de confirmación, y al párroco a vuestra disposición. Estáis invitados. Leed también el documento papal; merece la pena.

Este año nuestra Diócesis nos invita a un plan de formación que ya veníamos haciendo en nuestra parroquia. Sin formación hoy es difícil dar testimonio razonable de nuestra fe. Si queremos ser serios y evangelizadores creíbles en las cuestiones y contenidos de la fe, hemos de formarnos cada día más, jóvenes y adultos, porque nuestro mundo lo exige, nuestra Iglesia lo reclama y nuestra fe lo necesita.

¡Adelante querida Archicofradía de la Sangre!

Virgen María Santísima de Consolación y Lágrimas,
ruega por nosotros.

Alejandro Pérez Verdugo
Párroco de la Parroquia de la Sta. Cruz y S. Felipe Neri