Carta del Director Espiritual

Como párroco de la parroquia de la Sta. Cruz y S. Felipe Neri quiero, mediante estas palabras, agradecer y saludar a todos y, de un modo especial, a los hermanos de la Pontificia, Real, Muy Ilustre y Venerable Archicofradía del Stmo. Cristo de la Sangre, María Stma. de Consolación y Lágrimas, y del Santo Sudario.

Caminamos juntos, como comunidad parroquial, en medio de esta historia que vamos forjando mientras el Señor “transforma el corazón de sus fieles” y “mientras esperamos su venida gloriosa”. Hay mucho por hacer y mucho testimonio que dar, porque son muchos los que nos encontramos día a día que han olvidado la fe, no la han conocido, la rechazan o son indiferentes ante el hecho religioso y la dimensión espiritual que conforma la vida con sentido de cualquier ser humano que se precie de serlo.

Vivimos un tiempo y en una Europa que no son propicios, ni favorables, desde el punto de vista humano, para la Iglesia. Sin embargo, nuestra Diócesis y su Plan Pastoral nos invitan a continuar remando mar adentro. De hecho, lo que a simple vista no es un tiempo propicio, sin embargo puede ser una hermosa oportunidad para nuestra purificación y nuestra “poda”, que nos harán más fuertes y más auténticos en el seguimiento de Cristo en una sociedad secularizada, ambigua y desorientada.

Nosotros, los cristianos católicos, tenemos una raíces, echadas a base de testigos, trabajo y sangre derramada, que nada ni nadie nos pueden arrebatar, porque son los testigos santos de Cristo, los “duros trabajos por el evangelio”, de los que nos habla S. Pablo y la sangre derramada por Nuestro Señor. Europa y nuestra tierra no se entienden sin la fe cristiana. Como ya preconizó el papa S. Juan Pablo II, Europa, o tiene en cuenta sus raíces cristianas, o no será Europa; será otra cosa.

Vuestra tarea y misión, como laicos en la vida pública, es evangelizar de manera que el “buen olor de Cristo” impregne cada una de las esferas de la sociedad tecnológica y postmoderna. Poned “corazón” donde se pone “deshumanización”, poned alegría donde invade la tristeza, poned paz donde impera el desasosiego y el stress, poned “nosotros” donde imponen el individualismo y el absolutismo del “yo”, poned iglesia, comunidad y unidad y familia, donde otros fomentan el aislamiento, soledad, desestructuración y separación, finalmente,  poned “amor donde no hay amor y sacaréis amor” (S. Juan de la Cruz).

Sigamos haciendo parroquia y hermandad, sigamos haciendo Iglesia y Diócesis y sigamos construyendo un mundo que merece la pena porque es de Dios, aunque algunos no lo sepan.

Actividades tenemos muchas: las sabatinas, las confirmaciones y sus catequesis, celebraciones penitenciales, reuniones, charlas cuaresmales, los grupos, la formación mensual, el camino de Santiago… pero lo más importante es la oración diaria que no podemos dejar por nada de lo del mundo, la confesión sacramental de los pecados y la misa dominical. Esto no es negociable. Sin esto un cristiano tiene poco, o nada, que decir en medio de nuestra sociedad, ni siquiera a sí mismo. No os privéis de lo esencial. Sin esto el testimonio queda vacío. Con estos pilares, podemos ser mejores o peores, pero tenemos una fuerza que no es nuestra sino de Cristo; que se lo digan al ya Beato P. Arnaiz, o a la Beata Madre Carmen de Antequera, o a la Beata M. Petra, o a tantos mártires de nuestra Diócesis de Málaga y a tantos santos anónimos de nuestra tierra.

Estamos llamados a la santidad; a ello nos exhorta el Papa Francisco con su última exhortación apostólica Gaudete et exultate. Que no la has leído aún, pues no pierdas más tiempo. Merece la pena. La santidad está al alcance de todos. Pero hay cuestiones que no pueden dejarse para mañana. Léela.

¡Ánimo a todos los miembros de esta querida Archicofradía de la Sangre! Sigamos todos a una para la vida de la Parroquia y para la evangelización.

La Virgen María Stma. de Consolación y Lágrimas, ruega por nosotros.

Alejandro Pérez Verdugo

Párroco de la Parroquia de la Sta. Cruz y S. Felipe Neri