Leyenda del Cristo

Toda Hermandad antigua tiene su leyenda sobre la imagen de su Cristo. Con bastante lógica el insigne malagueño Diego Vázquez Otero en su libro Tradiciones Malagueñas relata con bastante lógica la leyenda sobre el Cristo de la Sangre. Poco mas o menos así debió ocurrir si mezclamos historia y leyenda, aunque como bien dice este autor, tal vez la tradición oral que ha llegado hasta nosotros la haya deformado y sean varias las versiones que a lo largo del tiempo hemos escuchado contar.

Vázquez Otero cuenta que estando unos pescadores en el mar efectuando su diaria tarea de la pesca, saltó una borrasca que llevó a la jábega mar adentro desde donde no podía divisarse ni tan siquiera el contorno de las playas, ni monte alguno de los que circundaban la ciudad. El patrón a pesar de ser hombre experto en estos trabajos, no podía dominar la embarcación, a la cual cubrirían las olas de forma tenebrosa; mientras en el cielo aparecían negros nubarrones que hacían temblar de miedo a los jabeotes. Los momentos eran dramáticos y viendo aquellos hombres que el naufragio se acercaba irremediablemente imploraron la misericordia de Dios y el perdón divino, resignándose a morir como buenos cristianos.

Muchas horas de pánico llevaban aquellos pescadores, y ya las fuerzas les iban faltando cuando vieron abrirse entre las nubes un rayo de sol. Esta claridad, bella y extraña a la vez, daba justo en un punto de las aguas revueltas, y sobre éstas, la imagen de un Cristo Crucificado flotaba entre las olas. El patrón, haciendo un gran esfuerzo dirige la embarcación hacia ese punto, y mientras la pequeña nave se va acercando disminuye la borrasca por completo y el mar se queda completamente sereno. La tripulación, dando gracias al cielo por el favor recibido recoge la imagen, pero cual no sería la sorpresa de estos hombres al contemplar como de la herida del costado de Jesús, está brotando la sangre lentamente. Cuando la embarcación al fin llega a la playa, se encuentra en ella los familiares de los pescadores, que asustados por la fuerte tormenta se han acercado a la mar con la angustia y el temor de que la embarcación haya zozobrado. Al principio no comprenden lo que ocurre y piensan que es un hombre herido lo que traen entre ellos, tal es la impresión que da la imagen, pero al comprobar como brota la sangre del divino costado todos caen de rodillas ante el milagroso hecho que están presenciando.